Castelo e Cerca Urbana de Arraiolos


También conocido como “Paço dos Alcaides” posee una excelente situación estratégica ya que forma parte de la línea más interior de protección de la frontera terrestre en el camino de acceso a Lisboa, desde el punto más alto de Arraiolos se puede observar Évora, Monsaraz, Redondo, Evoramonte, Vimieiro, Estremoz, Alter do Chão, Cabeço de Vide, Fronteira, Avis, Pavia, Águias, Lavre y Montemor-o-Novo.

En el lugar donde está erigida la cerca medieval hallazgos arqueológicos muestran una población prerromana, en torno al 1000 a.c.

La población fue conquistada por los alanos en el 414 y luego por los musulmanes en 716, que es posible que edificaran algún tipo de torre de alquería, pero no existe constancia ni documental ni arqueológica.

Durante el reinado de D. Dinis, las necesidades de defensa aconsejan el levantamiento de una cerca que comienzan en 1306 y quedan concluidas en 1310. El Paço de los Alcaides quedó listo en 1315.  Aunque en 1367 el rey Fernando I renovó el señorío de la villa a Rodrigo Afonso de Sousa, lo cierto es que la zona intramuros no terminaba de poblarse, por ello en 1371 el soberano concedió una carta de privilegios a quienes habitasen el área de intramuros de Arraiolos, tales como el perdón de las deudas o la dispensa del requisito de permiso para aposentarse.



En la guerra de Sucesión de 1383-1385 la villa fue ocupada por las tropas castellanas bajo el mando de Pedro Ruiz Sarmiento, siendo incendiada por estas tropas en 1386 tras la toma de Évora.

En 1489 bajo el reinado de João II de Portugal tuvieron lugar obras de reestructuración del Paço y de consolidación de la Torre del Homenaje.

Los privilegios de los habitantes intramuros continuaron hasta 1544 en que fueron revocados por João III ante la pérdida de su función defensiva y el crecimiento de los arrabales. La despoblación del área intramuros se debió a su reducida área y a la mejor adecuación del arrabal para la actividad agrícola y sus comunicaciones.


A principios del siglo XVII la cerca ya no se encontraba guarnecida, y sus piedras estaban siendo aprovechadas por la población. Por ello en 1613 la Cámara Municipal prohibió arrancar piedras de la cerca y del antiguo caserío, bajo multa o prisión. En 1616 se prohibió también mantener bueyes y animales dentro de intramuros, ya que el Paço dos Alcaides estaba siendo usado como corral.

Cuando empezó la Guerra de Restauración de la independencia, en 1641 los procuradores de Arraiolos pidieron al nuevo soberano João IV que reparase las murallas y su barbacana, para volver a habitar el espacio y dotarlo de equipamiento bélico. Sólo se llegaron a hacer nuevas puertas y otras obras de reparación. En 1655 consta el mal estado de la cerca, en ruina parcial y con la barbacana derruida, la torre del homenaje muy damnificada y el Paço dos Alcaides inhabitable. Sólo permanecía la Iglesia del Salvador.



La fortificación y su área residencial fueron abandonadas finalmente en 1689 hasta la actualidad. Pero en 1910 el “Castelo e cerca urbana de Arraiolos” fueron clasificados como monumento nacional. A lo largo del siglo XX se desarrollaron varias campañas de intervención para consolidación y restauración de la cerca, castillo y torre del homenaje.

Se trata de una cerca urbana de trazado circular, implantada en la cima de un monte granítico, a 387 metros sobre el nivel del mar, y al suroeste de la ribera del Divor. La cerca constituye un recinto macizo de planta casi totalmente circular con la zona suroeste ligeramente más recta, acompañando la irregularidad del terreno, está construida en albañilería y coronada por merlones cuadrangulares. Dos escaleras adosadas al muro dan acceso al adarve que circunda toda la muralla.

En la zona oeste se abre la Puerta de Santarém, orientada hacia la misma ciudad, flanqueada por dos cubos de planta cuadrada y constituida por vano en arco roto en el lado exterior y arco abatido en el lado interior. Además de esta puerta, la muralla se encuentra interrumpida en la sección sudeste, junto a la Torre del Homenaje, donde estaría anteriormente la Puerta de la Villa. En la misma zona, un poco más hacia el este, se sitúa la Torre del Reloj, de planta cuadrada, insertada en el muro por la cara oeste. Se encuentra enfoscada y encalada, contrastando con la albañilería de piedra a la vista del resto, y es rematada por un corolario cónico rodeado de cuatro pináculos, también cónicos, de menores dimensiones y pintados de azul claro. La torre tiene también acceso desde el recinto interior, a través de escalera de cinco escalones, que parte del adarve, ligando a la cara norte de la torre

En su interior sólo se conserva la Iglesia del Salvador, que sirvió como iglesia matriz de la villa hasta el siglo XVII, orientada en el sentido suroeste-nordeste, presentando planta en forma de cruz latina, construida en la misma época de la cerca, y reconstruida en el siglo XVI.

El Castillo o Paço de los Alcaides se encuentra inserto en el paramento sur de la cerca, ligado al resto de la muralla a través del adarve. Es de planta cuadrangular, integrando la torre del homenaje que también es de planta cuadrada y dos torres semicirculares, elementos todos ellos muy arruinados. Y está compuesto por tres áreas distintas: cuerpo de la guardia, el patio de armas y la morada palaciega de los alcaides.



Castelo de Segura


As origens da fortificação raiana de Segura não são completamente conhecidas, pensa se que remonte a uma primitiva fortificação romana. A primeira referência sobre o castelo data do reinado de D. Dinis, séculos XII e XIII, que isentou os moradores de Segura dos impostos devidos a Salvaterra do Extremo, com a condição de estes construírem um castelo no espaço de dois anos.

Mais tarde com a extinção da Orden do Templo, este foi transferido, em 1319, para a Ordem de Cristo. Segura e o seu castelo passaram a ser uma comenda dependente de Castelo Branco.

Durante a Guerra da Restauração a povoação e sua fortificação readquiriram importancia estratégica sobre a fronteira da Beira Baixa. Por essa razão as suas defesas foram reformuladas, sendo a vila dotada de uma muralha envolvente, em forma de baluarte. Essa defensa foi insuficiente para deter a invasão francesa, que entrou em Portugal por essa fronteira durante a Guerra Peninsular, em 1807. Posteriormente, em 1846 foi extinto o seu governo militar, o que conduziu ao desmantelamento das defesas, absorvidas desde então peo progresso urbano.

No início do século XX, foi erguida a Torre do Relógio, hoje referida como uma lembrança do passado militar de Segura, embora sem conexão como o mesmo. O remanescentes do conjunto defensivo encontram-se classificados com Imóvel de Interesse Público por Decreto publicado em 8 de Maio de 1959.


Deste ponto há umas vistas espetaculares com o desfiladeiro do rio Erges, ao fundo, Espanha e a ponte romana. Sem dúvida, um lugar lindíssimo e com uma grande história.



Também fizemos um percurso pedestre, o PR4 IDN - Rota das Minas. O percurso junto ao posto de turismo de Segura e tem quatro partes, primeiro por caminhos entre-muros leva-nos a uma antiga lavaria do minério e a uma antiga mina de estanho e volfrâmio. A seguir o caminho continua ate ao rio Erges e uma aceña que visitamos. Na terceira parte descemos até à ponte romana. Voltamos a Segura para visitar o seu castelo e terminar o percurso de doze kilómetros de dificuldade moderada.

A Ponte Romana foi construída na província romana da Lusitânia entre os séculos I e II d.C., para dar continuidade à via romana que ligava Norba Caesarina, na Via de la Plata, à civitas Egitania (Idanha-a-Velha, Portugal) e a Bracara Augusta (Braga, Portugal), para salvar o rio Erjas.





Castelo de Penha Garcia

Nos encontramos en Penha Garcia, municipio de Idanha-a-Nova, distrito de Castelo Branco (Portugal). Se trata de un castillo fronterizo, situado en la vertiente sur de la sierra de Penha Garcia, ramal de la sierra de Malcata, dominando el valle del río Ponsul, desde los restos de sus murallas se puede disfrutar de una amplia vista de los alrededores.

La ocupación humana primitiva se remonta al Neolítico, más tarde romanizado, se cree que estuvo vinculado a la exploración de oro aluvial en el río Ponsul, practicada hasta fines del siglo XX.

El castillo pudo ser construido por iniciativa de Sancho I de Portugal, en el marco de la política de fortificación que desarrolló en la región de Beira ante las amenazas que planteaban entonces el Reino de León por el este y los musulmanes por el sur. Afonso II de Portugal donó los señoríos de Penha García y su castillo a la Orden de Santiago en 1220, para que pudieran ser poblados y defendidos.

Afonso III de Portugal concedió fuero a la villa el 31 de octubre de 1256. Mas tarde Dinis I de Portugal donó la villa y su castillo a la Orden del Temple en 1303. Poco después, ante la extinción de la Orden, pasaron a la Corona en 1310. Estos mismos bienes pasarían a la recién creada Orden de Cristo el 26 de noviembre de 1319.  Afonso V de Portugal donó Penha García a la encomienda el 9 de febrero de 1481.

Todavía en la época, la fortificación es retratada por Duarte de Armas en su “Livro das Fortalezas” (1509), mostrando una ciudadela fortificada, sobre afloramientos rocosos, de planta ovalada y rodeada por una doble barbacana, rota por dintel recto puertas y aprovechando la topografía del terreno en varias zonas; el exterior está defendido por un torreón circular, desgarrado por aspilleras cruciformes; en el centro de la ciudadela, el torreón hexagonal, con la zona poligonal más expuesta; junto a él, una cisterna rectangular; tenía horno, galpón, cocina y despensa.

El pueblo recibió el “Foral Novo” el 1 de junio de 1510. A partir del siglo XVII, su encomienda pasó a los Condes de São Vicente da Beira.

En las “Memorias Parroquiales” (1758) informan que la villa pertenecía al rey y tenía 90 vecinos; el castillo estuvo rodeado de murallas y guarnecido en tiempo de guerra, teniendo una sola puerta, protegida por baluartes y una pieza de artillería; tenía dos cisternas, un horno, la casa del Gobernador, una torre, una caseta de vigilancia y, al norte, almacenes; a dos tiros de distancia, en un acantilado de enfrente, apareció una torre de vigilancia, también tripulada en tiempo de guerra.

En el siglo XIX, con la extinción del Municipio el 6 de noviembre de 1836, se inició el proceso de degradación del castillo, agravado por las actividades de los buscadores de tesoros. Las ruinas existentes corresponden a la residencia del alcalde con patio de entrada y aljibe. Se mantiene la construcción de otro de los aljibes y los muros almenados correspondientes a la residencia del gobernador. La Junta Parroquial de Penha Garcia llevó a cabo la construcción de la escalera de acceso al complejo y la restauración de sus muros.

Se trata de un ejemplo de arquitectura militar medieval. Muy cerca se encuentra la Igreja Matriz de Penha Garcia, por donde se accede al Castillo a través de unas escaleras de pizarra, donde se pueden ver varios fósiles. El castillo consta de la residencia del alcalde y un conjunto de murallas, además de dos aljibes y una torre. La residencia del alcalde forma parte de una plaza, construida por un patio de entrada, un aljibe y dos habitaciones en la planta baja. La altura del edificio representada en los planos existentes, presupone la existencia de una planta superior con más habitaciones. La torre del homenaje tenía una forma hexagonal irregular. Junto al castillo existía una valla exterior de planta ovalada, defendida por un torreón cuadrangular.


La Leyenda del Juramento de la Justicia

Una leyenda local cuenta que D. García, alcalde del Castillo de Penha García, en una noche de tormenta, secuestró a D. Branca, una joven de rara belleza, hija del poderoso gobernador de Monsanto. Después de meses de persecución incesante, D. García finalmente fue capturado en las laderas de la cordillera por los hombres del gobernador. Si bien prácticas de este tipo, en su momento, estaban penadas con la pena capital, ante los insistentes llamamientos de su hija, el gobernador perdonó la vida a D. García, condenándolo, alternativamente, a la pérdida del brazo izquierdo, en prenda de justicia. Según los lugareños, la legendaria figura del cercenado sigue vigilando, desde lo alto de las torres, el imponente cerro de Monsanto.





No nos vamos de esta bonita freguesía sin hacer una pequeña pero muy bonita ruta senderista de apenas 4 kilómetros que nos lleva desde el puesto de turismo, por las callejuelas hasta el castillo, para descender, pasar por la presa entre restos fósiles de icnitas, llegando hasta unos molinos en el cauce del río y vuelta al pueblo. Muy recomendable.